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Cuentos de terror en las cuerdas

Especial de HALLOWEEN

Por más que nos sintamos seguros en nuestro trabajo y confiemos planamente en nuestros equipos y nuestras cuerdas, hay un aspecto que es innegable y que debemos reconocer: Nuestra disciplina es de alto riesgo. Estamos expuestos a las consecuencias de una mala decisión, pero al mismo tiempo a muchos factores y hechos fortuitos que no podemos prevenir. El día de hoy y como especial de Halloween, hemos recopilado historias reales de nuestros colegas de Chile y el mundo para compartir estos relatos que esperamos nunca les toque vivir.

Tomen asiento, respiren hondo y prepárense para el terror...

Capítulo I - El Filo.

Era una jornada normal, llevábamos ya varios días reemplazando el techo falso de unas logias sobre el décimo piso. No era un trabajo riguroso -más allá de la complejidad de subir las partes de hojalata a causa de los frondosos árboles del primer nivel y que eran imposibles de bajar desde la azotea- pero como técnicos verticales experimentados, habíamos resuelto sistemas seguros y eficientes que permitían a cada uno de nosotros hacerse cargo de un sector del techo de manera independiente, y su vez, colaborar con el compañero que se encontraba a no más de cinco metros de distancia hacia los costados. La operación la conocíamos de antes, ya habíamos superado el desafío de los primeros días de encontrar el descenso seguro desde una azotea que estaba rodeada por terrazas con translúcidas y por fin trabajábamos con confianza. Todos los cielos era iguales, una plancha de policarbonato muy quemada por el sol, fijada con un par de tornillos cortos a sus respectivas escuadras de las cuales era muy fácil desprender. Al quitarlas, no había nada, las fijábamos a un mosquetón y las bajábamos en seguridad para reemplazarlas por una hojalata con bordes redoblados hacia adentro, que eliminaba cualquier riesgo al tener contacto con nuestras cuerdas. Así, una tras otra, jornada tras jornada durante dos semanas sin parar.

Llega un punto, en el que el trabajo reiterativo se convierte en un movimiento mecánico en el que uno pareciera moverse sin pensar. Entonces es cuando comienzo a quitar el último techo antes de ir a almorzar, quito el primer tornillo, el segundo, el tercero y mantengo el cuarto para no dejar caer la placa antes de estar asegurada a mi sistema, me estoy preparando para sujetarlo con el mosquetón, cuando de reojo me percato que algo brillaba. Me volteo a ver y es cuando grito -Un vidrio!, hay un vidrio!- Mis compañeros inmediatamente detienen sus labores y me miran impactados -cómo un vidrio? dónde hay un vidrio?- me grita el supervisor, no respondí, con los pocos movimientos que había hecho desde el momento que mi cuerda tocó el filo, se había comenzado a cortar la funda como la mantequilla en un cuchillo caliente. Mi corazón latía a mil, me sudaban las manos y mi respiración era corta pero intensa, tenía mi anticaidas claro, pero "caer" desde cualquier aspecto es aterrador. Lentamente movi los brazos hacia mi porta herramientas trasero e intenté tomar un cubre cuerdas que llevaba adicional... con ese movimiento la funda ya se había abierto y podía ver la parte blanca del alma de la cuerda, me tiritaban las manos, sabía que al poner el protector no se seguiría rompiendo, pero al estaba tan nervioso que mis brazos y mis piernas no atendían a los movimientos que sabía tenía que hacer. Lentamente intenté con mis pies despegarme de la postura que provocaba el roce y solo entonces logré ver que mi cuerda estaba cortada a más de la mitad!, mis compañeros me gritaban, me preguntaban cosas y yo solo podía oir mis propios latidos. Logré poner el cubre cuerdas, y con ello moverme hacia el costado en una zona segura, en esta parte ya no recuerdo mucho, porque mi nivel de adrenalina era tan alto que me paralicé, no es hasta que mi compañero concreta el rescate y que me dieron un vaso de bebida que reaccioné y pude volver en mi. Esto fue sin duda lo más aterrador que he vivido en años como técnico vertical, sé que es difícil asimilarlo con solo relatarlo y sin ver imágenes de como era el escenario, pero lo único que puedo asegurar es que la confianza siempre es el peor enemigo, aunque hagamos trabajos repetitivos o que nos parecen "seguros", siempre hay que estar alerta de que en cualquier momento, quedamos al filo.

Capítulo II - El Edificio Antiguo.

Santa Fe de Bogotá, es una de las ciudades más antiguas de Colombia. Se destaca por albergar una gran cantidad de museos, galerías de arte y monumentos históricos y junto a la empresa que trabajo nos habíamos ganado la oportunidad de reparar una fachada considerada patrimonio nacional. Dentro de nuestras obligaciones estaba, quitar las piezas rotas, reparar grietas y recuperar decoraciones que se encontraban desgastadas con el tiempo, para ello, fue necesario contratar un restaurador, que si bien era un experto en su área, no tenia la más remota experiencia en cuerdas. Para ello la empresa invirtió en prepararlo y acreditarlo para ser un técnico de Nivel 1 y de ésta manera poder cumplir con las expectativas de desarrollo de nuestro proyecto. En general no tuvimos inconvenientes, más de lo que se puede tener en un trabajo de éste tipo y con todo el cuidado que hay que tener para no perjudicar la estructura más de lo que ya se encuentra, pero ya casi en la mitad del tiempo que teníamos estipulado, nuestro restaurador se preparaba para sacar el molde de una de las figuras que debía replicar, cuando una máquina de alto tonelaje se desplazaba muy cerca de donde nos encontrábamos, generando una fuerte vibración en la pared -nada que pudiera preocuparnos- asique continuamos con nuestra operación. La retroexcavadora debía quitar unos escombros en la parte trasera del edificio, por lo que cada vez se acercaba más y el movimiento se intensificaba. Bajo ninguna circunstancia se parecía a un temblor o algo que nos pudiera afectar (o al menos eso creíamos), cuando de pronto un macizo bloque de concreto y piedra se desprende de un balcón superior y cae con fuerza hacia la cabeza de nuestro colega que se encontraba mirando levemente hacia arriba. El impacto lo noqueó de inmediato y yo instintivamente me acerqué a él para rescatarlo. Sin embargo no fue tan fácil ya que parte de la roca le dio exactamente en el hueso de la nariz que se encuentra a la altura de los ojos y le sangraba profusamente, junto con otro corte que tenía en la ceja. Su cara, era como una máscara de esas que usan los niños como disfraz y le corría rápidamente al nivel de empaparme con ella y complicar totalmente mi progresión. En ese momento me enfoqué en detenerle el sangrado y como pude rompí mi camiseta y la presioné en su cara para detener el sangrado. Por otra parte mi otro colega hizo el rescate y tuvimos que ir descendiendo lentamente de forma simultánea, para poder ir controlando la hemorragia y el rescate al mismo tiempo.

Para cuando entregamos a nuestro compañero a los servicios de emergencia, mi otro colega y yo parecíamos sacados de un capítulo de una serie de crímenes o una película de guerra, adicionalmente, con el calor, nuestra ropa ensangrentada se secó rápidamente y conocí entonces el horrible olor a sangre. Tuvimos que apoyar un buen rato entre papeleos e informes del accidente antes de poder cambiarnos y hasta el día de hoy, me genera mucho rechazo ver a alguien sangrar, incluso a mi hijo cuando se ha roto las rodillas jugando futbol. A pesar de ello, no dudaría en volver a ensuciar mis manos con tal de ayudar a un compañero.

Capítulo III - Modo Descenso.

Había entrado a trabajar en uno de mis primeros proyectos en el área industrial, nos tocaba trabajar con un material muy corrosivo que, literalmente, mataba todo nuestro equipo. Le quitaba todo el cromado a los mosquetones oxidándolos rápidamente y quemaba a los dispositivos que tuvieran plástico o tela tan rápido, que casi los estábamos cambiando de forma semanal. La empresa se hacía cargo de dicha renovación y por sus costos, se decidió adquirir equipamiento más económico, entre ellos descendedores, que si bien estaban certificados y cumplían plenamente con todos los requerimientos para su función, no eran "imperdibles" (se le denomina como imperdible a un equipo que permite su apertura y cierre sin la necesidad de desvincularlo de nuestro equipo y de esta manera evitar su caída). En una ocasión, estábamos operando entre mucho polvo, utilizando mascarillas fullface, guantes de cuero y respiradores, lo que dificultaba no solo la visión si no que también el movimiento de las manos. Ya había cubierto mi perímetro y me tocaba descender, por lo que hago el cambio de dirección y me paso a mi descendedor con toda confianza. Estaba bajando cuando entre la tierra que se suspendía a mi alrededor, me percato de un descuido gravísimo en mi equipo!, el mosquetón del dispositivo no solo estaba abierto, si no que no había pasado del todo, quedando enganchado únicamente de la pestaña de cierre que tiene en la punta del mosquetón. Me asusté muchísimo y quedé por unos segundos pensando qué hacer sin moverme ni para respirar, lo más lógico era volver a bloqueadores, pero aún así si hacia un movimiento brusco iba a caer y la causa de mi caída, además, me significaría incluso perder mi trabajo. Lentamente puse mi puño, liberé mi pedal, me puse de pie y volví al bloqueador de pecho. Me tomó un par de minutos recuperar la seguridad para volver a bajar, reconozco abiertamente mi falla y sé que pude evitarlo, pero me sirvió plenamente para nunca más repetirlo y siempre checkear bien mi sistema de trabajo.

Agradecemos muchísimo a todos los colegas que nos enviaron sus historias, lamentablemente no nos fue posible publicarlas todas tanto por su extensión como por lo difícil que es graficar algunas situaciones solo con palabras, esperamos compartirlas en una futura ocasión.

Además, preguntamos a nuestros Blogers, cuáles consideran ellos son las situaciones que te hacen sentir mayor miedo sobre la cuerda y aquí van algunas respuestas:


  • Me parece aterradora la bajada imprevista que se pega el descendedor cuando la cuerda está mojada.

  • Siempre me asusto cuando el mosqueton del descendedor queda mal acomodado y se acomoda de golpe.

  • Me da vértigo la sensación de cuando se me cae algo trabajando en altura, aunque sea un trapo o un tornillo, me genera "algo" en la guata.

  • Me da miedo cuando a eso de las cuatro de la tarde comienza a correr el viento en mi ciudad y más de alguna vez nos ha dado un buen despegue del edificio.

  • Soy super desordenada, me da terror cuando reviso mi equipo y me falta algo, siempre creo que lo he perdido

  • Una vez me rompieron la ventana del auto y yo tenía mi bolso con todo mi equipo, me dio terror pensar que me habían robado todo, por suerte no.

  • Siempre me da susto el primer descuelgue.

  • Una vez estaba podando un árbol y con la cuerda le pegué a un panal, sentí terror.

  • Siempre me asusta el roce de la cuerda.

  • Me da miedo prestar mi equipo.

  • Me da miedo que me roben mi Asap Lock, me costo mucho comprarme el que tengo.

  • Me da miedo que mi pareja me pregunte si la amo más a ella o a mi equipamiento.


Gracias a todos y todas quienes fueron parte!, como siempre el objetivo es entretenernos, aprender e informar, siempre desde la neutralidad para llevar el mundo de las cuerdas, al alcance de todos.


Happy Halloween!


***Las gráficas utilizadas en éste POST pertenecen a IN ROPES WE TRUST. Agradecemos además a Camilo Rebolledo, Ilustrador de nuestra portada de éste especial de Halloween


 
 
 

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